Ciclo económico y crecimiento económico

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Analizando la evolución de las principales economías durante las últimas décadas, parece evidente que se van sucediendo, cíclicamente, periodos de crecimiento económico con otros de descenso de la actividad.

Así, por ejemplo, en los últimos cincuenta años en España hemos tenido cuatro recesiones graves, sin contar la actual:

  1. En 1959, el establecimiento del llamado Plan de Estabilización se tradujo en una fuerte caída de la actividad como consecuencia de los profundos cambios que hubo que realizar para liberalizar nuestra economía y tratar de acercarla a los patrones de comportamiento del resto de países occidentales.
  2. En los años setenta, surgió la llamada crisis del petróleo, motivada por un rápido aumento del precio del crudo por parte de los países productores. España, país muy dependiente del oro negro, se vio muy afectado, y llegó a tener tasas de inflación del 20%.
  3. A principios de los años ochenta, tuvo lugar una nueva crisis económica motivada por una segunda crisis del petróleo (iniciada en 1979), que situó a la economía en un año de recesión (descenso del PIB de 0,2%); posteriormente, en combinación con una fase expansiva de las economías industriales y la reducción de los precios del petróleo, se inició un ciclo alcista.
  4. La crisis más reciente, anterior a la actual, se produjo en torno al año 1993, y se caracterizó por un elevado déficit público y unas constantes devaluaciones de la peseta.

Las crisis económicas se suelen producir por agotamiento de las etapas de bonanza económica, al surgir desequilibrios como consecuencia del alto crecimiento económico: si la demanda crece a tasas muy elevadas, la presión sobre los precios aumenta y la inflación suele dispararse; en ocasiones, el alto nivel de consumo se traduce en un tirón importante de las importaciones, lo que produce abultados déficits en la balanza de pagos.

Otras causas de las recesiones se alejan del llamado componente cíclico, ya que obedecen a motivos externos. Una brusca caída de las cotizaciones bursátiles, por ejemplo, puede generar el llamado efecto pobreza, consistente en que los agentes económicos perciben que su patrimonio financiero ha disminuido y, en consecuencia, tendrán que reducir sus niveles de gasto, lo que, a nivel agregado, se traducirá en una apreciable caída de la demanda.

En otros casos, las recesiones pueden deberse a inestabilidad política o a accidentes de la naturaleza; estas circunstancias son más frecuentes en los países menos desarrollados.

Sin embargo, los ciclos en economía suelen ser distintos entre sí, tanto en duración como en intensidad. Es lógico, además, que los países integrantes de un mismo espacio económico, por ejemplo la zona Euro, presenten ciclos  similares. También es cierto que las características de un ciclo económico en un país determinado influyen decisivamente en el de los países relacionados comercialmente con él. Así, por ejemplo, la evolución de los Estados Unidos influye de forma muy significativa en los países de Europa, empezando por el Reino Unido.

En realidad, las diversas fases por las que pasa un país durante un ciclo tienen mucho que ver con la actitud de los agentes económicos, es decir, con la psicología de masas. Si entre las familias y empresas se extiende la percepción de una próxima caída de la actividad, frenarán el consumo y la demanda de financiación (solicitud de créditos), con lo que indirectamente contribuirán al descenso de la actividad económica. Por el contrario, si los mismos agentes consideran que se aproxima una etapa de bonanza, su comportamiento económico y financiero de carácter expansivo contribuirá a que la actividad económica aumente.

El crecimiento de la economía es siempre mayor si tiene lugar de forma constante en el tiempo, y no a saltos. Utilizando un símil, un coche recorrerá más camino si circula a una velocidad constante, que si lo hace frenando y acelerando continuamente. De ahí que las autoridades económicas intenten actuar mediante medidas estabilizadoras para enfriar los ánimos de la economía en las épocas donde la economía crece a un gran ritmo y anima la coyuntura en las situaciones recesivas.

De lo anterior no cabe deducir que los ciclos se suceden en etapas alcistas y bajistas de forma natural, por lo que las autoridades económicas no deben pensar que tras una etapa recesiva llegará inevitablemente una expansiva. Otra cosa distinta es que las oscilaciones en la economía se sucedan, a veces, incluso de forma imprevisible; de hecho, por más que en las últimas décadas observemos periodos consecutivos de subidas y bajadas de la variación del PIB real, con una perspectiva de largo plazo, se comprueba que algunos países han alcanzado unos índices de bienestar más altos que otros. Por eso, una política económica adecuada es necesaria para favorecer, en el largo plazo, el crecimiento de la economía a través de incentivos en la productividad.