Cómo hacer reclamaciones financieras de manera eficiente

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En la gestión de nuestras finanzas personales reclamar ante situaciones incorrectas es esencial, ya que tenemos que defender nuestros derechos y en última instancia, nuestro dinero.

Por ejemplo, si la hipoteca es demasiado alta, si las comisiones que nos cobran son inadecuadas, si el seguro no cubre lo que nos tiene que cubrir o cualquier situación que esté muy lejos de lo acordado o de lo que consideramos justo, deberemos reclamarlo o de lo contrario estaremos perdiendo dinero.

Quejarse es fácil, pero la experiencia nos dice que los resultados no son siempre satisfactorios, ya que si queremos que éstos sean buenos dependerán de la posición que adoptemos y de cómo nos acerquemos al tema. A continuación os presento tres mecanismos muy a tener en cuenta para tener éxito en nuestras reclamaciones.

Establecer un plan

Antes de poner una reclamación es necesario que sigamos los siguientes pasos: debemos estructurar el problema, definir el propósito de la denuncia, presentar alternativas y finalmente establecer cuáles son los pasos a seguir.

Imaginemos que estamos pagando demasiado en ciertas comisiones bancarias. La estructuración del problema es sencilla: Todos los meses pagamos XXX € por un servicio que no usamos. Objetivo: Reducir o eliminar estos cargos. Solución: Cambiar el tipo de cuenta, o en el peor de los casos, cambiar de entidad bancaria.

Insistir, Insistir y por último volver a insistir

Quejarse puede resultar aburrido y podemos pensar que estamos perdiendo el tiempo. Se necesita dedicación, pero para que la reclamación tenga éxito no se puede desistir.

Puede ser que tengamos que hablar siempre con la misma persona o que nos manden de un lado para otro, pero lo cierto es que casi nadie va a hacer nada por ti si no insistes. Si abandonamos a las primeras de cambio estaremos tirando nuestro dinero.

Mantén la cordialidad y el respeto

A veces somos más sensibles a unos temas que a otros y a menudo al realizar una reclamación o poner una queja, nos ponemos nerviosos hasta el punto en que a veces podemos llegar a perder los papeles. Ante estas situaciones es fundamental mantener la calma y la cabeza fría, las discusiones acaloradas no son positivas para nadie.

Tener toda la razón del mundo no justifica las faltas de respeto en las que podamos incurrir y tampoco ayudará a acelerar el proceso de nuestras quejas.