Consideraciones antes de solicitar un préstamo

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Si bien es cierto que siempre conviene evitar la contratación de préstamos, existen situaciones en las que es necesario y hasta indispensable solicitar un préstamo o una “línea de crédito”; de hecho, el crédito bien utilizado puede ser un elemento adecuado para determinadas empresas financieras. Cuando nos registramos en un hotel, alquilamos un automóvil o, por desgracia, debemos acudir a un hospital, el medio de pago solicitado por esas empresas es una tarjeta de crédito. En pocas palabras, el funcionamiento de nuestra economía cotidiana exige disponer al menos de algún tipo de crédito.

Desde luego, hay razones válidas para solicitar un préstamo y otras que sólo perjudican nuestra economía. Entre las justificaciones sensatas podemos enumerar la necesidad de enfrentar un gasto inesperado, una inversión que nos rendirá más de lo que debemos pagar de intereses y la sustitución de una deuda con alta tasa de interés por otra deuda con una menor tasa. Las supuestas razones para solicitar préstamos son infinitas, y sólo están limitadas por la creatividad de los publicistas y de nuestras ansias por adquirir bienes y servicios que a veces resultan prohibitivos para nuestro rango de ingresos.

Dos de los “grandes pecados” del crédito son la solicitud de préstamos porque nuestros ingresos no nos alcanzan y la contratación de un crédito con una tasa de interés muy alta para adquirir un bien que se deprecia fácilmente, como un automóvil. Si nuestros ingresos son insuficientes, debemos determinar si en realidad podemos sostener el nivel de vida que estamos llevando. En ese sentido, las opciones son reducir los gastos que exige ese nivel de vida, o incrementar de alguna manera nuestros ingresos; en cualquier caso, lo más recomendable es abstenerse de solicitar préstamos que después no podremos pagar.

Cuando el crédito es indispensable

En ese caso deberemos presentar una solicitud a la institución financiera o empresa que puede darnos el préstamo u otorgarnos una línea de crédito revolvente (cuando podemos volver a solicitar la parte del crédito que ya pagamos sin hacer más trámites). Para analizar nuestra solicitud, esas organizaciones se preguntarán lo mismo que nos preguntaríamos si un familiar o amigo nos solicitara un préstamo: ¿Cuánto tiempo hace que lo conocemos? ¿Podrá pagar? ¿Qué otras deudas tiene? ¿Puede dejarme algo en garantía, por si no pudiera cumplir? Cuando ha prometido algo, ¿ha cumplido? ¿Lo ha hecho a tiempo?

Todo esto nos lleva a determinar si una persona es digna de confianza y si podemos creerle. Precisamente de ahí se deriva palabra “crédito”: de la credibilidad que tenga la persona a quien se le presta. Por eso se dice que es distinto tener crédito -cuando las personas y organizaciones saben que pueden creer en nuestra palabra- que obtener un préstamo. Primero se debe creer para proceder a otorgar un crédito.