Correlación y diversificación de carteras de inversión

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Invertir todo nuestro dinero en un solo activo parece más arriesgado que aumentar el número de activos hasta 3 o 4. Es aquí donde podemos empezar a ver las posibilidades y beneficios de la diversificación. Si bien intervienen más factores como pueda ser el perfil del inversor a la hora de diversificar, la principal pregunta que nos surge es, ¿cómo elegimos esos 3 o 4 activos?, ¿nos sirve cualquiera?

Podríamos recurrir a la pura intuición y seleccionarlos al azar. Pero los grandes gestores de fondos no se basan solo en eso para seleccionar o crear una cartera bien diversificada. Para esta tarea se utilizan métodos estadísticos para encontrar lo que se denominan activos no correlacionados. Este tipo de activos nos ayudarán a diversificar nuestras carteras y a gestionar el riesgo.

La correlación entre dos activos es una medida estadística que nos muestra el grado de relación entre ambos y cuyo valor se encuentra en el intervalo entre 1 y -1. Cuando hablamos de valores o activos financieros, el coeficiente de correlación, representa el grado de relación entre los movimientos de los precios de los diferentes activos incluidos en la cartera. Si su valor es 1, significa que los precios se mueven a la par (una modificación en el precio de un activo implica otra del mismo sentido en el precio del otro), una correlación de -1 significa que los precios se mueven en direcciones opuestas. Si su valor es cero significa que los precios se encuentran linealmente incorrelacionados (aunque puede existir otro tipo de correlación entre ellas), es decir, el movimiento del precio de un activo no tiene efecto sobre el movimiento del precio de otro activo.

En la práctica, es muy difícil encontrar un par de activos que tengan una correlación positiva perfecta de +1, una correlación negativa perfecta de -1 o incluso es complicado encontrar un valor de 0. Lo más normal es que nos encontremos valores comprendidos entre -1 y 1 (por ejemplo, 0,43 o -0,21). Entonces, si la correlación entre un activo A y otro B es de 0,63 y la correlación entre el activo A y otro C es de 0,22, podemos decir que el activo A está más correlacionado con el activo B que con el C.

Si dos pares de activos ofrecen el mismo rendimiento asumiendo el mismo riesgo, la elección de la pareja de activos menos correlacionada disminuirá el riesgo global de nuestra cartera.

Los gestores utilizan los datos históricos de los precios para ver cómo han evolucionado un activo con respecto a otro. Para cada par de activos se calcula su coeficiente de correlación y éste se usa para confeccionar una matriz de correlaciones para diferentes activos. Una vez confeccionada podremos elegir aquellos activos que mejor nos convengan.

matriz de correlaciones
Ejemplo de matriz de correlaciones

Podemos empezar a seleccionar activos por categorías genéricas (acciones, bonos, bienes raíces, etc.), luego podremos seleccionar por sectores (bienes de consumo, energía, etc.). Por último podremos ser mucho más específicos eligiendo un activo específico. El objetivo de seleccionar activos no correlacionados es diversificar nuestros riesgos.

En tiempos económicos complicados, la diversificación es la mejor alternativa para reducir el riesgo en nuestras inversiones. La diversificación puede no ser un seguro completo ante cualquier desastre económico de dimensiones mundiales, pero si nos protege contra eventos aleatorios en el mercado.