Mitos sobre finanzas domésticas

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¿Crees que eres financieramente inteligente? Cuando se trata de sus finanzas domésticas, la gente suele regirse por nociones que se conocen de toda la vida que pueden o no ser válidas. A continuación se exponen una serie de mitos sobre finanzas domésticas que engañan incluso a los más inteligentes de los ahorradores.

1. El presupuesto es la mejor manera de ahorrar dinero

Estudios realizados por investigadores de la Universidad Brigham Young y la Universidad de Emory muestran que los consumidores que compraron con un presupuesto gastaron una gran parte del mismo en un solo artículo.

Se explica como que al fijar el presupuesto en un artículo específico, se limitan las búsquedas de artículos similares. Por ejemplo, si tenemos en un presupuesto 600 euros para una televisión, se tiende a comprar cerca del límite presupuestado (500-600€) antes de mirar las características de otros televisores que pueden tener un precio más bajo y ser iguales de buenos.

El efecto sólo está presente al hacer compras en artículos individuales, y nunca afecta a presupuestos más generales como el presupuesto personal mensual, que ya hemos visto que es una fantástica forma de ahorro.

2. Más ganancias significan más riqueza

La gente que más gana también tiende más al gasto. A medida que las personas adquieren más dinero, casi inmediatamente comienzan a comprar las cosas que siempre han deseado en lugar de pensar en las consecuencias de cambiar sus hábitos de consumo.

Esto puede explicar por qué los ganadores de la lotería tienen más probabilidades de ir a la quiebra, o cómo grandes deportistas acaban por verse en situaciones desesperadas debido a la falta de fondos unos años después de acabar su carrera profesional.

3. Título superior siempre significa mayor salario

Un título universitario es rentable para casi todos, y en general dará lugar a mayores ganancias en el futuro respecto de la gente que carece del mismo… pero hay excepciones.

Existe un selecto grupo de profesiones en las que no se muestra una diferencia significativa entre la posesión de título universitario y la carencia del mismo. A esto habría que sumarle el gran problema que existe hoy en día de inserción al mercado laboral de jóvenes recién titulados y que muestra como muchos de ellos acceden a becas o prácticas malamente remuneradas en las que se encuentran con grandes profesionales que accedieron a su trabajo mediante un ciclo medio o superior en el pasado y que sí tienen un sueldo digno.

4. El dinero no puede comprar la felicidad

La verdad es que el dinero se correlaciona con la felicidad, principalmente para los trabajadores de bajos y medianos ingresos. Investigaciones muestran como sujetos de prueba que aumentaron sus ingresos vieron mejoradas sus perspectivas de vida. Además, independientemente de la clase económica, saltos en el salario provocaron un aumento de la felicidad de la persona en la misma proporción.

Se observa también que la cantidad de influencia y respeto social de una persona aumenta cuando su nivel de ingresos es mayor.

5. Estoy preparado financieramente

Aunque muchos podamos estar preparados financieramente, hay una gran cantidad de personas que no lo está. Hay mucha gente que no sabe lo que gasta en teléfono móvil, agua, luz, etc.

Muchos jóvenes tienden a vivir con el dinero de los padres y no saben realmente el gasto que eso conlleva, lo cual puede provocar que en el futuro se den un buen batacazo en su vida autónoma.

Es necesario aconsejar desde pequeños e ir creando consumidores que evalúen sus valores fundamentales acerca del gasto, ahorro o compartir el dinero. Una vez que llegamos a un punto de control, ya podremos diseñar un plan que se adapte perfectamente a nuestra filosofía de vida.