Tratamiento fiscal de los planes de pensiones

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A la hora de contratar un plan de pensiones, aparte de intentar asegurar y mantener nuestro nivel de bienestar actual en el  futuro, nos dejamos llevar  también por los beneficios fiscales que nos proporcionan.

El tratamiento fiscal de este tipo de productos es muy bueno ya que podremos deducirnos de la base imponible del impuesto sobre la renta de las personas físicas (IRPF) cierta cantidad. La cantidad a deducir tendrá un límite que corresponderá con el importe más pequeño de los siguientes:

  1. Actividades económicas + rendimientos netos del trabajo. Un 30% de dicha suma. Para los mayores de 50 años el 50%.
  2. Deducción de 10.000 euros al año. Para mayores de 50 años aumenta hasta los 12.500 euros.
  3. Si realizamos la declaración conjunta, el límite que se establece es el de cada persona por separado.

Si el marido/mujer del contribuyente no supera los 8.000 euros por rentas del trabajo o de actividades económicas, o no tiene ninguna de las dos, podrá disminuir hasta 2.000 euros de la base imponible por las aportaciones realizadas al plan. A parte de las aportaciones que haga el contribuyente, si el marido/mujer de éste tiene unos rendimientos por debajo de los 8.000 euros también podrá contribuir al plan y deducir su cuantía siempre y cuando se encuentre dentro de los límites establecidos.

Los individuos con minusvalías físicas o psicológicas también pueden aportar al plan de pensiones y beneficiarse de las deducciones. En el caso de las minusvalías físicas deben ser iguales o mayores al 65% y las psicológicas iguales o superiores al 33%. Además podrán beneficiarse sus parientes de línea directa o colateral, como máximo hasta tercer grado. Los importes máximos a deducir en estos casos serán los siguientes:

  • Los partícipes del plan de pensiones que presenten discapacidad podrán deducirse hasta un máximo de 24.250 euros.
  • Los familiares del partícipe o tutores legales podrán hacerlo hasta los 10.000 euros.
  • Las aportaciones también están limitadas hasta un máximo de 24.250 euros al año.

La prestación que se pueda percibir por el plan de pensiones, en cualquiera de sus 2 formas, como capital o como renta, computará como rendimiento del trabajo. Si se produce la defunción del partícipe del plan de pensiones, los beneficiarios percibirán las prestaciones, y éstas, estarán exentas de pagar el impuesto de sucesiones.

Si percibimos la prestación en forma de capital, podremos beneficiarnos de un régimen transitorio en el cual se realiza una reducción del 40% sobre la suma del importe acumulado por las aportaciones realizadas, y sus rendimientos generados, antes del 31 de diciembre del 2006. Cualquier otra cantidad que se cobre en forma de capital no se reducirá y pasará a tratarse como rendimiento del trabajo.

Si percibimos la prestación como una renta no habrá ninguna reducción y se incorporará a la base imponible del IRPF.